1. Editorial: Tiempo al tiempo
  2. El libro que tejió el alma de Occidente
  3. El arca del tiempo en el fin del mundo
  4. Entre el Sol y la Luna
  5. Una espiga llamada Abib
  6. El calendario bíblico del sur
#2 #2 NOVIEMBRE 2025

Editorial

Tiempo al tiempo

El primer número de Suma+Semanal salió retrasado. Mi esperanza era que el segundo estuviera a tiempo y se publicara a principios de marzo del 2024. Sin embargo, todavía estoy escribiendo esta editorial en febrero del 2025, casi un año después.

El asunto del tiempo y todo lo relacionado con él me ha preocupado a lo largo de muchos años. Me refiero al tiempo en el contexto bíblico. Me refiero a una preocupación práctica, no académica, basada en la idea de que la tradición bíblica fue creada, desarrollada y mantenida para nuestro bien, es decir, para dar lugar a un modo de vida, una cultura que genera beneficios significativos y tangibles.

Desde esta perspectiva práctica hay dos componentes culturales que, me parece, necesitamos comprender y coordinar para percibir la noción bíblica del tiempo: la historia y la geografía. En el caso de la geografía, por ejemplo, necesitamos llegar a un punto de comprensión tal en el que sea obvio que si la Pascua es por definición una fiesta de primavera, entonces existe la posibilidad de celebrar esta fiesta en dos momentos distintos, dependiendo de si estamos en el hemisferio norte o en el hemisferio sur, porque existe la primavera boreal y la primavera austral. En el caso de la historia, por ejemplo, necesitamos llegar a entender que el relato bíblico tiene una perspectiva familiar: lo que le importa exponer, revelar y detallar en su devenir es el mundo de la familia. La Biblia es el libro de la familia. Por eso habla de Adán y Eva, de Abraham y Sara y de cómo llegaron a tener a Isaac, por eso también está enfocada en el tema de la primogenitura.

Así es como la geografía y la historia confluyen para permitirnos una percepción especial del tiempo, más allá de la cuantificación de horas, días, meses y años, dando lugar a un sistema con el que podemos identificar las causas de determinados estados en la vida de la familia y por lo tanto en la de sus individuos, pero también en toda la humanidad.

El modelo bíblico del tiempo fue desarrollado para que las familias fueran capaces de visionar, generar y predecir eventos, de manera que les permitiera prever, proveer, prevenir y aprovechar los resultados. Por un lado, la capacidad de planificar eventos viables y factibles, por el otro, la facultad de anticipar sucesos. Y esto es exactamente lo que se ha perdido.

El punto es importante. Nos hemos acostumbrado a ver el tiempo como si fuera un tren interminable que pasa a nuestro lado, como algo externo. Tenemos que volver a percibir el tiempo como el ritmo interno de cada cosa que sucede, como un embarazo y sus nueve meses. Es esta segunda forma de ver el tiempo a la que el texto bíblico llama profecía. El calendario bíblico es una herramienta para la prospectiva, por lo tanto, un poderoso instrumento para la planificación estratégica. Entonces, “tiempo al tiempo” significaría, en este sentido bíblico, concentrarnos en la calidad de las causas y luego solo esperar con paciencia los resultados.

¡Bienvenidos a los tiempos de este segundo número!

© Pablo E. Cárdenas Gismondi, 2025

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