1. Editorial: Tiempo al tiempo
  2. El libro que tejió el alma de Occidente
  3. El arca del tiempo en el fin del mundo
  4. Entre el Sol y la Luna
  5. Una espiga llamada Abib
  6. El calendario bíblico del sur
#2 #2 NOVIEMBRE 2025

Una espiga llamada Abib

El detalle del calendario bíblico que hace la diferencia

Más allá de todo lo dicho sobre la manera en que funciona el calendario bíblico, con su día que va de tarde a tarde, con su semana y su séptimo día, con sus meses que comienzan con la luna nueva creciente, con el año que arranca en primavera, con su semana de años y su año sabático y el ciclo de cincuenta años para el Jubileo, más allá de todo ese impresionante sistema de gestión del tiempo, existe un elemento que casi pasa desapercibido, quizá porque materialmente es insignificante frente al tamaño del Sol o la Luna. Se trata de la espiga de cebada.

¿Qué rol cumple la espiga de cebada en el calendario bíblico?

Para determinar el inicio de un nuevo año, según el texto bíblico, se necesitaban tres elementos:

  1. la llegada del equinoccio de primavera,
  2. la observación de la luna nueva creciente y
  3. la verificación en los campos de cebada del estado maduro de las espigas.

En términos generales, cada estación del año dura tres lunas nuevas, de manera que transcurridas las lunas del invierno, comenzaba la espera de la primera luna nueva de primavera. Según algunos afirman, y ese es nuestro parecer, la luna nueva mencionada en el texto bíblico corresponde en realidad a la luna nueva creciente, es decir, al momento en que se comenzaba a observar la aparición de la luna, cuando tiene la forma de uña, y no a la luna nueva astronómica que es cuando la luna está invisible.

Una vez confirmada la aparición de la luna, tocaba comprobar el estado de las espigas de cebada. Si estaban maduras y listas para la cosecha, se decretaba el inicio del mes de Abib, que es el nombre que se daba a estas espigas primaverales. El nuevo año había comenzado. Pero, si al ir a los campos de cebada se observaba que las espigas no estaban listas, entonces se decretaba un mes adicional (el mes 13). El texto dice, en el contexto de la Pascua: “Contarás siete semanas. Desde el momento en que la hoz comience a segar la mies comenzarás a contar estas siete semanas”.1 La frase “Desde el momento en que la hoz comience a segar la mies”, deja claro que la Pascua era, en términos agrícolas, la fiesta de la cosecha de la cebada, y este hecho era tan importante que de no estar lista, la festividad era pospuesta. Hasta aquí, todo parece claro.

Entonces, ¿qué es lo que pasa desapercibido respecto a la espiga de cebada?

En primer lugar, la importancia del hecho económico al punto de supeditar la celebración a la cosecha. Si no hay cosecha, no hay nada que celebrar. Porque la siembra y la recolección de los granos se realiza, en última instancia, para sustentar la vida humana. Ese es el rol de la economía. En otras palabras, si no hay bienestar, no hay nada que celebrar. Eso queda declarado explícitamente:

Guarda sus leyes y sus mandamientos que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para que prolongues los días sobre la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre.2

En segundo lugar, la función de la espiga como un sensor de “normalidad” para dar inicio a un nuevo periodo de producción. Este hecho me parece muy significativo. No bastaban los cálculos astronómicos precisos para determinar equinoccios, lunas, días, años y jubileos. Era necesario que, a todo este esfuerzo de cálculo, se sumara la presencia concreta de la espiga de cebada como representante de la realidad. Sin la evidencia de la espiga no se podía decretar un nuevo año. Esto significa que la realidad va por encima de las ideas y los planes. El calendario está al servicio del hombre y no el hombre al servicio del calendario. Teóricamente, se podría decir que sin espiga el tiempo se detenía, porque nunca se trató de una pura contabilidad del tiempo, sino de cumplir objetivos marchando hacia el propósito de nuestra existencia. 

La espiga de cebada, en esa perspectiva, era un fusible, un elemento que servía para detener toda la maquinaria, si se comprobaba que no estaba al servicio de la vida humana.

Es cierto que los tiempos de la Luna y del Sol son irregulares. El día astronómico o sidéreo dura 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. El ciclo lunar dura 29.53 días. El año lunar dura 354.37 días. El año solar dura 365.2422 días. Con estas cifras no es posible crear ciclos regulares. Entonces, inventamos un día de 24 horas, una semana de siete días que teóricamente corresponde a un cuarto de ciclo lunar, un año lunar de doce meses y a veces de trece, y un año solar de 365 días con años bisiestos, todo esto para dar regularidad a la realidad que es diversa, compleja y complicada. Sin embargo, por muy irregular que sea la realidad, no podemos desconectarnos de ella, reemplazándola por modelos artificiales. Por eso, para impedir que la imaginación se desconecte de la realidad, se estableció la relación con la espiga de cebada.

¿Qué fenómenos en la vida del ser humano y su entorno podían impedir la presencia de la espiga de cebada?

Los sucesos y fenómenos que podrían impedir la presencia de la espiga son muchos: sequías, inundaciones, heladas, olas de calor, alteración de las estaciones, insectos invasores, enfermedades fúngicas, bacterianas y virales, erosión, salinización, pérdida de nutrientes, disminución de polinizadores, cambios en los ciclos de floración, terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, sobreexplotación de acuíferos, contaminación del agua, desviación de ríos, cruces biológicos, etc.

Ante todo esto, se podría decir, sin riesgo a exagerar, que la presencia de la espiga de cebada es un milagro y una señal para impedir que nos perdamos en los mundos imaginarios de nuestros cálculos y proyecciones, de nuestras ideologías y creencias, temores y codicias. Esa humilde espiga cumple la misión de mantener nuestra conexión con la realidad, como un poderoso cable a tierra.


  1. Deuteronomio 16.9, Biblia de Jerusalén, Ed. 2001. ↩︎

  2. Deuteronomio 4.40. Biblia RVA Ed. 1989. ↩︎

© Pablo E. Cárdenas Gismondi, 2025

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